Tipos de Yoga Estilos de Yoga Todo sobre Yoga
Dentro del Yoga hay tipos y hay estilos. Yo soy un "tipo" de Yoga que conoce antiguos estilos de Yoga. "A principios de los setenta hice amistad con otros jóvenes en Ibiza a los cuales gustaba la vida Hippie, todos habíamos oído hablar de la isla de Goa en India, y aprovechando el interés que en ellos suscitaba este lugar, les propuse un viaje a India que yo llevaba acariciando largo tiempo. Por supuesto que mi interés por India era debido al Yoga, y Goa fue el pretexto para emprender una aventura que me conduciría a los Pies del Maestro. Junto con otros cuatro jóvenes volamos a Delhi y tras muchas vicisitudes y aventuras, acabamos caminando por las selvas de Bengala Occidental… Una noche ateridos de miedo al escuchar los rugidos de un Tigre, terminamos subidos en un mangle del Sundarbans. A la mañana comprobamos por las huellas que el tigre había estado rondando muy cerca y uno de mis compañeros, en tono de burla me preguntó que cual era la enseñanza que podíamos sacar de aquello (yo insistía siempre que de todo se puede sacar una enseñanza). Aquel chico tenía un carácter especial y siempre pensaba que todo el mundo estaba contra él. Le pregunté si se sentía ofendido por el miedo que nos hizo pasar el Tigre. Él, que siempre se ofendía con la gente, me aseguró que era absurdo preguntarle si se sentía ofendido por el felino. Entonces yo le contesté que debía hacer lo mismo con la gente. Si le atacaban o no le agradaba lo que hacían debía protegerse o quitarse de en medio, pero sin sentirse moralmente ofendido o perjudicado. Con los demás expectantes, él argumentó que no era lo mismo una persona que un tigre, estuve de acuerdo pero insistí en que él no tenia ni idea de lo que yo estaba hablando.
Te estoy hablando (dije) de la idea de lo abstracto, del espíritu, que es para mi lo único importante. La idea del yo personal no tiene el menor valor. Todavía pones a tu persona y a tus sentimientos en primera plana. Desde que nos conocemos, cada vez que se ha presentado la oportunidad te he hablado de la necesidad de abstraerse. Tú siempre has creído que me refería a que debías pensar de manera abstracta. No es a eso a lo que me refiero. Abstraerse en cualquier situación, significa para mi ponerse a disposición del espíritu por medio del puro entendimiento. Le expliqué como una de las cosas más dramáticas de la condición humana es la macabra conexión entre la estupidez y la imagen de sí mismos. Es la estupidez la que nos obliga a descartar cualquier cosa que no se ajuste a las expectativas de nuestra imagen de humanos (el tigre puede devorarte, pero él no se ofendería con el tigre porque no era una persona quien le hacia eso). Le dije que existía un modo de comunicarse con el animal, y que su miedo había impedido que esa comunicación fuera posible, le aseguré que la experiencia con el tigre era un regalo y que dentro de ella, nuestra importancia era escasa (estábamos a su merced) y que lo único importante había sido la presencia del tigre, también argumenté que una vez a salvo en el manglar deberíamos de haber generado un sentimiento de verdadero abandono para que, quitada la enorme importancia personal del humano, la barrera se hubiese roto, haciendo posible la comunicación con el Tigre de igual a igual. Su problema (dije), era que como hombre racional le era inconcebible que existiera un punto invisible en donde se produce el “diálogo” con otros seres no humanos. Y más inconcebible aún, que ese punto importantísimo no esté en el cerebro, como capaz podría suponerlo si llegara a aceptar la idea de su existencia.
Extrapolando la conversación, agregué que el hombre racional, al aferrarse tercamente a la imagen que tiene de sí mismo como humano, garantiza su abismal ignorancia. Ignora, por ejemplo, el hecho de que el Yoga no es una cuestión de asanas, respiraciones, meditaciones y demás abracadabras, sino la libertad de percibir no sólo el mundo que damos por sentado, sino también todo lo que esta más allá de aquello que nombramos como lo humanamente posible. Aquí es donde la estupidez del hombre es más peligrosa -continué-, el hombre le tiene terror a lo desconocido. Tiembla de miedo ante la posibilidad de ser libre. Y la libertad está ahí a un centímetro de distancia. Un Yogui hubiese usado el terror experimentado para romper el límite de su percepción humana y de ese modo la comunicación con el tigre hubiese sido posible. Entonces el hombre tiene un lado animal (dijo él). Claro que tenemos un lado oscuro (continué), pero a diferencia del tigre, matamos por capricho, ¿no es cierto? Quemamos a otros humanos en el nombre de Dios. Nos destruimos a base de vicios nosotros mismos; aniquilamos la vida en este planeta; destruimos la tierra. Y luego quienes hacen eso se ponen un hábito o se visten de blanco inmaculado y Dios les habla directamente. ¿Y qué les dice Dios? Les dice que si no se portan bien les va a castigar. Ese Dios humano lleva milenios amenazándonos sin que las cosas cambien. Y no porque exista el mal en el hombre o en el mundo, sino porque somos estúpidos. El hombre si que tiene un lado oscuro, que se llama estupidez. Arguyó que yo era todo un maestro del debate. Y que, una vez más, le envolvía en sus propias palabras.
Les expliqué cómo en la misma medida en que el rito de pertenencia y afiliación a lo humano obliga al hombre común y corriente a construir enormes iglesias que son monumentos a la importancia personal, también obliga a los Yoguis a construir edificios de morbidez y obsesión. La tarea de todo Maestro de Yoga es, por lo tanto, guiar a la conciencia para que vuele hacia lo abstracto, libre de cargas e hipotecas. ¿A qué te refieres con eso de cargas e hipotecas? preguntaron. Continué: todos llevamos a cabo diarios rituales que son nuestros hábitos y sin los cuales somos incapaces de funcionar. El ritual es capaz de atrapar la atención mejor que ninguna otra cosa, pero también exige un precio muy alto (hay gente que son incapaces de practicar yoga o meditación estando solos, sin quemar incienso, sin música, sin ir vestidos de blanco o fuera de una sala confortable, en el campo). El precio de estos rituales es la morbidez; y la morbidez graba con altísimas cargas e hipotecas a nuestra conciencia y esencia. Continué explicándoles que la conciencia esencial era como una infinita mansión. La conciencia de la vida cotidiana es como estar herméticamente encerrado en una sola habitación de esa inmensa casa durante toda la vida. Se entra en esa habitación por medio de una abertura mágica: el nacimiento. Y se sale por medio de otra abertura mágica: la muerte. Sin embargo, los Maestros de Yoga son capaces de hallar una oculta abertura y salir de ese cuarto herméticamente cerrado estando aún vivos en sus cuerpos físicos. Un logro estupendo. Pero un logro más estupendo todavía es que, al escapar de esa habitación sellada, los Maestros de Yoga son capaces de elegir la libertad. Eligen abandonar por completo esa gigantesca mansión, en vez de perderse en sus pasillos o adormecerse en otras partes más atractivas de ella. Terminé añadiendo que la morbidez es la antítesis de la oleada de energía que la conciencia necesita para alcanzar la esencia y la libertad. Hace que los Yoguis una vez escapan de esa habitación, pierdan el rumbo y se queden atrapados en los intrincados y oscuros corredores de lo desconocido. Yoga es un arte. Para mí, como Maestro de Yoga, puesto que no soy mecenas ni comercio con el arte, la única importancia trascendente de esta obra de arte es que puede ser lograda."