Yoga Maestros Adeptos y Protectores Invisibles
Envolviendo el aura de la Tierra y nuestra propia aura astral, existen todo tipo de seres habitantes del plano astral, aunque la mayoria son larvas sin consciencia de bien o mal, algunos de ellos siempre se hallan muy dispuestos y pueden concedernos su protección. Esta protección en su origen, procederá alternativamente de los Devas, de los espíritus elementales o de aquellos a quienes en este plano físico llamamos muertos. Pero la ayuda más valiosa, así como la protección que podemos obtener procede también de los que en vida actúan conscientemente en el plano astral, sobre todo los Adeptos y Maestros. Siendo conscientes y analizando la cuestión más detenidamente, veremos que constantemente estas “entidades” toman parte en las tareas protectoras de la humanidad, mientras el humano continúa de espaldas a su evolución, lleno de vicios, hábitos nefastos y negando toda espiritualidad que vaya más allá de lo que es capaz de pronunciar su mentirosa boca.
Para todo Iniciado, es un hecho indudable que esta obra de protección se realiza desde el plano astral o más allá de él, en los diversos planos o mundos de vida etérea “ad infinitum”. Quienquiera que tenga idea, siquiera débil, de lo que son las fuerzas sometidas a la voluntad de un Adepto, comprenderá que cuando este opera en el plano astral, le será necesario malgastar tanta energía como si un físico eminente desperdiciara el tiempo en machacar la grava de un camino. La obra del Adepto tiene su ambiente en elevadas esferas y con más precisión en el mundo o plano celeste, desde donde, enfocando sus energías, puede influir en la verdadera esencia del hombre y no únicamente en la personalidad del ego, que es lo único que resulta asequible en los planos astral y físico. La energía que el Adepto causa en aquel excelso reino, produce resultados infalibles y más trascendentes y duraderos que los que pudiera alcanzar desplegando una fuerza inmensa en los planos inferiores.
La función del Adepto, es la de realizar el trabajo elevado, mientras que para el trabajo que requieren las causas generadas fuera de su propia esfera, este han de terminarlo aquellos que huellan los primeros peldaños de la celestial escala por la que algún día ascenderán a las alturas en donde el Adepto mora. La misma explicación es aplicable al caso del Deva, cuya labor parece que no tenga en su mayor parte relación alguna con la humanidad, a causa de que pertenecen a un empíreo de naturaleza mucho más elevada que el humano; y aun aquellos de entre sus varios órdenes, que a veces se compadecen de las miserias humanas y responden a las invocaciones, antes actúan para ello en el plano mental que en los astral y físico, prefiriendo para ayudar los períodos que transcurren entre las encarnaciones, a los de las vidas en la Tierra. Existen múltiples casos en que del vasto empíreo de los Devas fluyeron auxilios para el progreso de la evolución humana, así como respuestas a las aspiraciones y necesidades del hombre después de la muerte.
Los Adeptos, Maestros e Iniciados sabemos de muchos medios para conseguir que estos elevados seres se acerquen a nosotros y nos comuniquen infinidad de conocimientos, el mas efectivo de estos métodos es el de ascender a su plano, ya que los Devas son muy reacios a descender al astral y no digamos al físico aunque se este invocándolos. El sublime Deva interviene muy raras veces en los sucesos ordinarios de la existencia del hombre mortal, pues está tan plenamente ocupado en las sublimes tareas de su propio plano, que con dificultad se da cuenta o presta el mínimo interés en lo que sucede en el mundo físico; y aunque a veces se llegue a percatar de alguna aflicción o miseria humana que excite su piedad y le incite a conceder su auxilio en algún modo, reconoce que el humano debe recoger aquello que siembra y que en el actual periodo de evolución produciría semejante auxilio muchísimos más males que bienes en la inmensa mayoría de los casos.
La mayor parte de la ayuda y protección que recibe el humano proviene de otros humanos que han alcanzado con la instrucción de un Maestro cierto grado de evolución, son estos discípulos realizando las prácticas encomendadas por su Maestro quienes ayudan, y no los Adeptos cuya aptitud se aplica a más provechosas y trascendentales cuestiones. Vemos por estos hechos, que la acción protectora en el plano astral y en los mentales inferiores, pertenece principalmente a los hombres y mujeres devotos aleccionados por los Maestros, ellos están todavía distantes del Adepto, pero se han desenvuelto hasta el punto de actuar conscientemente en dichos planos precisando aun un Guía. Aun les falta el ser capaces de recordar en estado de vigilia lo que hicieron y aprendieron en otros mundos. El hombre y la mujer actual deberían salir de su grado de ignorancia e incredulidad ya que desperdician un tiempo precioso todas las noches: esas horas en que ellos creen que duermen pueden ser emplean en nobles y altruistas obras en provecho del prójimo y de uno mismo.
El hombre actual puede continuar en su estado de perpleja confusión si continua empeñándose, pero inexorablemente pasado un ciclo más o menos largo, según coopere o no, se cumplirá la ley de karma con su cooperación o sin ella. La mayoría de la gente, y en particular aquellos que pasan su vida en ciudades, pueden esperar poca o nula ayuda y protección de los espíritus elementales. Por lo general estos seres se alejan de los lugares frecuentados por los hombres, para evitar el disgusto que les produce el ruido y desasosiego comunes a los sitios en que mora el hombre, costumbres que lleva con el hasta cuando va a la Naturaleza. Los seres elementales o espíritus de la naturaleza sienten repugnancia y evitan la compañía del hombre, no es de extrañar esta conducta, para ellos el hombre es un demonio devastador que destruye y despoja por doquiera que pasa. Sin ningún respeto o miramiento mata el hombre a las hermosas criaturas que los elementales gustan cuidar. Extermina los árboles, ensucia los ríos, arranca las flores con desidia para que se marchiten. Cambia la amable vida en el seno de la naturaleza con sus horribles ladrillos y cementos, y la fragancia de los bosques por los fétidos vapores de sus manipulaciones químicas y el humo pestilente de sus fábricas. Por lo tanto, la principal parte de la acción protectora y de ayuda que recibe el humano actual, proviene de las personas que en vida son capaces de funcionar conscientemente en el plano astral, las cuales hallan grandes dificultades para desarrollar su labor de Amor, por la falta de cooperación que muestra el humano corriente y su casi absoluta negligencia hacia lo Espiritual.