YOGA MAESTROS DISCIPULOS LA GRAN LOGIA BLANCA

Tibet, yoga, meditación.Si buscamos la Iluminación por medio del Yoga y la Meditación, precisamos lograr el control, entrenamiento y desenvolvimiento de los cuerpos astral, etérico, mental y espiritual. El despertar las facultades latentes de estos cuerpos es parte primordial del trabajo de quienes aspiran a ser Chelas o Discípulos de un Maestro, Gurú o Adepto de la Gran Hermandad Blanca. Ningún Maestro de Yoga, enseña a sus discípulos a vivir ni a practicar con desatención. Pero eso es lo que hacen casi todos cuando el Maestro no anda cerca. Existen cuatro condiciones que el discípulo debe reunir para entrar en el Sendero, que conduce a la Iniciación:

VIVEKA. El discípulo ha de aprender que la vida interior, es la real. Debe cambiar su orden de prioridades discriminando entre lo real y lo irreal. Ha de aprender, que “algunas cosas materiales, pocas, son importantes; la mayor parte de cosas no importan en absoluto”. Lo anterior no significa que los deberes y responsabilidades mundanas, una vez aceptados, deban descuidarse; por el contrario, el discípulo debe desempeñarlos aún más escrupulosa y cuidadosamente que los demás. Lo importante es la actitud con que se realizan las cosas; discernir conscientemente cuales aspectos son importantes, y cuales no. Actuando de este modo observará cómo el Maestro usa las circunstancias rápidamente cambiantes, en que el discípulo se desenvuelve, para estimular en alto grado su capacidad de discernimiento, a fin de que comprenda la inestabilidad de las cosas externas. La vida del discípulo que sigue a un Maestro, esta hecha generalmente, de tempestades y tensiones. El Maestro le somete al crisol del Karma que anula el ego para que las cualidades y facultades espirituales se desarrollen rápidamente, y se perfeccionen lo más pronto posible.

VAIRAGYA. La presión que ejerce el Maestro conduce al discípulo a situar lo Eterno por delante de lo efímero en su vida. Una vez que el discípulo reconoce la inestabilidad y el carácter insatisfactorio y pasajero de las cosas externas, surge en el naturalmente la indiferencia hacia ellas, el desapego. El discípulo logra hacerse inmune hacia la oscilación de las cosas que van y vienen, y fija más y más intensamente su atención en la realidad inmutable interior siempre presente.

SHATSAMPATI: LOS SEIS ATRIBUTOS DE LA MENTE
1. SHAMA. El Maestro pone énfasis en la necesidad que tiene el discípulo de dominar el pensamiento. El Chela ha de lograr el equilibrio en el caos de sus emociones y pensamientos; ha de eliminar sin compasión y sistemáticamente la hueste de intereses menores y controlar sus vagabundos pensamientos. Si la vida del discípulo se desarrolla en medio del mundo, la dificultad de la tarea se multiplica al infinito, debido a la incesante presión de perturbadoras olas de emoción y de pensamiento que recibe del entorno sin darle reposo para concentrar sus energías. El método, que le recomienda el Maestro, es la práctica diaria y persistente de la visualización, la concentración y la meditación. El discípulo no debe desconectar jamás de esta tarea, ha de estar las 24 horas "conectado al Maestro" procediendo con gran energía y perseverancia, sometiendo su mente rebelde al estricto orden y la disciplina.

2. DAMA. El Maestro enseña al discípulo, que no es suficiente el control interior, se ha de lograr también el férreo control de las acciones externas. A medida que la mente sintoniza y obedece al alma, la naturaleza inferior debe ser sometida y ha de obedecer a la mente. Se ha de eliminar todo interés o atracción con respecto al aspecto inferior de la actividad humana.

3. UPARATI. El Maestro explica Uparati, como la sublime y trascendente virtud de la tolerancia, esta se traduce cuando florece en el discípulo, en la serena aceptación de cada hombre, de cada forma de existencia, tal cual es, sin exigir que sea algo diferente y más agradable para uno. El respeto a la individualidad de los demás es una de las características del discípulo avanzado.

4. TITIKSHA. La facultad de la paciencia se eleva en la mente del discípulo como una actitud que trasciende, graciosamente todo y no resiste nada; llevado a este punto por su Maestro, el discípulo marcha directamente y sin desviarse hacia la meta. El discípulo de este nivel sabe que nada le llega si no está de acuerdo con la ley del Karma, y que la ley es justa. El discípulo se dará cuenta de que está pagando, en unas pocas cortas vidas, las obligaciones kármicas acumuladas en el pasado y, por lo tanto, los pagos han de ser fuertes.

5. SHRADDHA. Las pruebas fortalecen al discípulo y las luchas en que está envuelto desarrollan en él fe en su Maestro; a la vez que crean en él una fuerte y serena confianza, que nada puede destruir jamás.

6. SAMADHANA. El contacto con la consciencia del Gurú hace surgir la armonía en el espíritu del discípulo y con ello el equilibrio aumenta, en cierta medida sin que éste sea consciente. El alma florece y se desliga, gradualmente, de lo que la ata al mundo de los sentidos; los cuales pierden muy pronto, el poder de rebajarla y perturbarla. Una vez cumplidas estas etapas, aportan un maravilloso equilibrio en medio de las dificultades mentales; equilibrio que se adquiere gracias a los rápidos cambios y a que la vida y evolución del discípulo va guiada por su Maestro.

MUMUKSHA. Las semillas sembradas por el Maestro comienzan a germinar, manifestándose en el discípulo un profundo e intenso anhelo de liberación. El Fuego Divino se agita y con él crece el ansia del alma por unirse con Dios. Cumplidos los otros requisitos, esta experiencia es el último paso de la preparación para entrar en el discipulado. Una vez sellado y afirmado definitivamente este anhelo, el alma que lo siente no puede apagar jamás su sed en las fuentes terrenas. Al llegar a este estado, el discípulo está preparado; es un Adhikari, listo para “entrar en la corriente” que lo aleja para siempre de los intereses de la vida terrena, excepto para servir a su Maestro y ayudar la evolución de la humanidad. Este profundo anhelo de las cosas del espíritu esta representado por la actitud del candidato, al pedir humildemente al Maestro ser admitido. En esta actitud, el énfasis se halla en que el impulso ha de venir del interior del discípulo; nadie puede hollar el Sendero oculto por sugerencia de otros, se precisa entrega incondicional. Así, en el crisol del espejo de la Vida del Maestro, comienza el peregrinaje de su alma vinculada a la de los otros discípulos en un Océano sin fondo. Maestro y discípulos sublimados como una inmensa llama que crepita y difunde su generoso Poder