LA FUENTE DE LA ETERNA JUVENTUD 1ª

LA FUENTE DE LA ETERNA JUVENTUDLa busqueda de la fuente de la eterna juventud.
Desde niño buscaba la Luz. De forma espontánea amaba el silencio y la maravillosa quietud de los grandes espacios naturales. En ellos encontraba un ritmo distinto a aquel que el hombre civilizado ha fabricado para sí. Pero si había algo que le hiciese vibrar y remontarse más allá de la consciencia ordinaria, en alas de su imaginación iluminada, eso era La Montaña.

Desde que recuerda, siempre está frente a él, altiva, inalcanzable, el cono de su cima envuelto por un velo de bruma, apareciendo, para desaparecer al instante, como si no fuese de este mundo. A veces se pregunta cómo ascender a ella, si será lo mejor la línea recta o si existirá algún oculto atajo. Pasa sus días y sus noches meditando mientras contempla sus arboladas laderas, sus valles abismales, por los que descienden tempestuosos torrentes, en cascadas de aguas cristalinas.

Cada atardecer atisba el mínimo sendero que le conduzca a la cima. Cada noche sueña que la asciende y cada mañana, al levantarse, la intuición le dice que aún no es el momento. Tiene la certeza de que un día, no muy lejano, descubrirá el misterio. Su corazón sabe que esa es su montaña y que sólo él puede subir a ella.

El día en que el joven Tanumânasî cumplió diecinueve años, su mirada, clara y pura, continuaba interrogando a la montaña. Esa mañana, mientras paseaba como de costumbre, su mente se abrasaba en desconocida añoranza. Desde lo más profundo de su ser, suplicaba al espíritu de aquellas amadas tierras de Himachal Pradesh, que le habían visto crecer, pidiéndole que le enviara una señal. Sus pasos, sin pensar, le llevaron, como tantas veces, a la orilla del lago. Sus ojos se posaron cautivados en la superficie, mientras del fondo de las tranquilas aguas emergía el rostro noble de un anciano. Sus labios se abrieron y dijo llamarse Burushaski y afirmó que conocía el secreto de la montaña, así como el modo de llegar a su cima.

Le contó que existían tres caminos, pero que dos eran sin retorno. En el primero acechaba el demonio llamado Duda, mientras que en el segundo, lo hacía el demonio llamado Complacencia. El camino de Duda conducía al caminante a girar en torno a la montaña eternamente, sin elevarse ni un paso, siendo esclavo de su razón. En el camino de Complacencia se es conducido a aferrarse y dormirse en los pequeños logros y comodismos, dejando pasar la vida. Éste es el camino del ego.

Cada día Tanumânasî se presentaba en la orilla del lago. Allí se sentaba, anhelante, hasta que aparecía la visión. Entonces buscaba los ojos del anciano, tratando de indagar sobre el tercer camino. En ese justo instante, el agua se agitaba y, al calmarse, descubría su propio rostro reflejado. Al punto comprendía que todo había sucedido en su interior. Había transcurrido una semana y Tanumânasî no se alimentaba ni dormía. Se hallaba siempre absorto contemplando el espejo del agua, esperando a su misterioso visitante.

Una tarde, cuando ya el cansancio le vencía y la desesperanza le acechaba, escuchó pasos a su espalda. Sacado de improviso de su meditación e inquieto, pues nunca había encontrado a ningún humano por aquellas soledades, volvió su joven rostro. Surgiendo de la niebla, contempló, incrédulo y anhelante a la vez, la aparición del enigmático anciano.

Observó que iba cubierto con una túnica color azafrán y que en su mano llevaba un mala (rosario). En silencio y con un ademán de la cabeza, le indicó que le siguiera. Sin dudarlo, el joven Joshua dejó atrás toda su vida anterior para siempre. Juntos emprendieron la larga senda que, atravesando Cachemira, conduce al TERRITORIO DE LOS HUNZAS. Caminaron durante semanas, parando apenas para dormir un rato o mendigar un poco de comida. En las duras jornadas, el anciano demostró sus extraordinarias condiciones físicas, yendo siempre en cabeza de la marcha y resultándole a Tanumânasî muy penoso seguir sus pasos. Aunque él insistía, el anciano aún continuaba sin querer decir nada sobre el tercer camino. Tan sólo una vez le explicó: "el Karakorum es el hogar de la montaña de tus sueños".

Debido al esfuerzo contínuo por parajes inhóspitos, laderas agrestes y empinadas, el calor del día y el frío de la noche, así como el escaso alimento, y también a que dormían directamente sobre el suelo, el cansancio había hecho mella en el joven. Sus pies, llenos de llagas, su cuerpo magullado y dolorido y su mente confundida, estaban a punto de rendirse. Una tarde, cuando caía el sol sobre inmensas cimas nevadas, en el horizonte crepuscular apareció la estructura de un antiquísimo monasterio. Según se aproximaban, salieron a su encuentro un grupo de monjes que les saludaron y reverenciaron al anciano. Tanumânasî supo entonces que su misterioso acompañante era un alto lama, el cual pertenecía a una mística tradición , cuyas profundas raíces recogían la savia tanto del Mahamudra hindú, como de prácticas más oscuras y ocultas de la Tradicion Bon y Chamanismo Tibetano.

Tras la llegada al monasterio, uno de los monjes condujo al joven Tanumânasî a su aposento. Dorje, que así se llamaba, le informó que había tenido la fortuna de ser elegido discípulo por el lama Burushaski, y que eso significaba que a partir de entonces su vida y su instrucción estaban a cargo de su maestro. A continuación le mostró algunas otras estancias, advirtiéndole de que existían partes en las que no debía de entrar bajo ningún pretexto. Durante tres días, el joven no hizo otra cosa que dormir y, cuando despertaba, comía la spampa que un desconocido visitante le dejaba en un bool., sobre un nicho en la pared.

Recuperado de su agotamiento comenzó a sentir necesidad de ver a su recién proclamado maestro, sorprendiéndose por el extraño y profundo afecto que comenzaba a sentir por aquel hombre, desconocido hasta hacía tan poco. Estando ocupado en estas cavilaciones, tomó consciencia de la presencia del lama en la puerta de su pequeña celda. Instintivamente se arrodilló en señal de respeto en su alfombrilla de oración. Juntando las manos frente a su pecho, pronunció un namaste, que fue correspondido. Sin ningún preámbulo, su maestro se sentó frente a él y le pidió que prestara mucha atención, pues le iba a narrar el motivo por el cual ambos se habían encontrado. Le dijo: Tanumânasî, es importante que no dudes ni razones en este momento. Mis palabras harán que aflore en tu consciencia el recuerdo y la añoranza de un pasado cercano: la memoria de tu vida anterior. Escucha esta historia, que es tu historia:

“Un día, entre los días que nacen de la idílica danza de la tierra y el sol y coronan de luz los años, animando la rítmica respiración de este amado planeta, regresó, una vez más, un yogui y poeta. En su ascendente, armonizaban la Fortaleza y la Misericordia. Su masculinidad procedía del influjo del astro rey. Manifestando su naturaleza tres cuartas partes del sol por una de la tierra. Compensándose este aparente desequilibrio por cierta sutil emanación lunar que impregnaba su personalidad con un aura receptiva de delicadeza y dulzura casi femeninas. Su voz, plena de matices evocadores, hacía de la palabra alado espíritu en sus labios, chispa divina que prendía en muchos corazones. Sensitivo en extremo, él sufría y amaba a esta doliente tierra, herida y convaleciente.

Percibía el latido profundo y sin edad de ese místico corazón que mora prisionero del mineral y la piedra, impregnado de materia, preso en negatividad. Intuía la presencia de esa Luz que no brilla, el resplandor fugaz de ese “algo” conmovedor en el mundo natural, que cobija y da forma a todas las criaturas. Su sutileza visual desvelaba el matiz oculto, el rayo relampagueante, la estrella en la oscuridad, el arco de luz más pura, aunque todo se hallase encubierto por hermosas, aunque humildes, vestiduras. Así cuando meditaba, su mente se elevaba abrazando y fundiendo los opuestos. Hace mucho tiempo que el peregrinaje de su alma, evocando la belleza, es somatizado por su cuerpo y manifestado por sus pies descalzos, hollando el Sendero.”

En aquel punto, el lama terminó la narración. Mirándole directamente a los ojos y poniendo una mano en su hombro derecho le dijo con voz queda y paternal: Debo informarte de la existencia de una Ciencia muy antigua que revela la realidad oculta del ser humano, que es el derecho a gozar de una existencia plena, armoniosa y consciente.

Tanumânasî, a todos nos anima un mismo aliento cósmico, la voluntad de crecer orientados hacia esa Luz que es Una. Todo hombre precisa aprender a valorar y conocer el poder de sus acciones y pensamientos, ya que la causa principal del sufrimiento es la ignorancia. Hubo un tiempo en el que la Tierra era un lugar misterioso y mágico. La salida y la puesta del sol, el cambio de las estaciones, el trueno y la lluvia eran actos de una fuerza poderosa. Todo en torno al hombre evocaba el sentimiento de lo mágico. Nuestra conexión con la naturaleza era tan básica y tan conmovedora que a nadie se le ocurría ponerla en duda. Las personas se consideraban igual que los animales o las plantas.

Creían que, lo mismo que todo lo que existe, ellas tenían necesidad de cuidados para vivir, para sobreponerse a la adversidad, así como para morir en paz. Por todo ello, tu aprendizaje, como hacen las plantas, ha comenzado por conocer tu vida anterior, tus raíces. La pérdida por desidia de este conocimiento, que todos poseíamos, es lo que hace indispensable y necesaria una Práctica que haga aflorar las experiencias acumuladas en vidas anteriores. Son las propias experiencias las que hablan directamente a nuestro corazón. Mas en el corazón de cada persona existe una puerta y esa puerta tiene un guardián, el cual no deja entrar sino a quien posee la llave. Esta llave tiene un nombre. Se llama Yoga. He aquí la respuesta que estabas esperando durante tanto tiempo: Yoga es la secreta llave maestra que abre la puerta del tercer sendero, el cual conduce a lo más alto de tu montaña, en cuya cima cada persona encuentra su verdadero ser y, con él, la felicidad infinita.

A partir de hoy, yo seré el espejo en el que puedas reconocer tu rostro. Antes yo era como tú ahora. Hoy ni un solo pensamiento turba mi mente. La paz reina en mi corazón, hace tiempo que obtuve el maravilloso equilibrio y ya no oscilo entre el temor y la esperanza. En mi peregrinaje por la tierra, estoy en paz conmigo mismo. ¡Despierta Tanumânasî de tu sueño civilizado! Hazlo ahora, tu conexión con la naturaleza dejará de estar oscurecida. Prepárate para el reencuentro con tu poder personal. Vas a renovar tus antiguos vínculos con la tierra, experimentarás el sobrecogimiento espiritual, sin necesidad de pasar por el rutinario carril de las causas y los efectos. Te conmoverás con el sentimiento de lo sagrado, lo misterioso y lo místico. Comienza para ti la búsqueda de tu naturaleza interior, el estudio de los Misterios, de esa red oculta que halla eco en cada ser, manejando a su antojo las fuerzas que se interpenetran para controlar todo cuanto existe.

Por favor, préstame toda tu atención, porque la Enseñanza se ha trasmitido de Maestro a discípulo, de labio a oído, desde la antigüedad. Yo lo haré contigo como, a su vez, lo hizo mi maestro conmigo y el suyo lo hizo con él. No añadiré ni quitaré una sola palabra y esa es la regla: el que un dia tú harás esto mismo con alguien que, en su momento, cuando ambos estéis preparados para la maestría y el discipulado , el destino te señalará.

Yoga es una ciencia y arte que permite un acercamiento válido al fin de la realización del Ser trascendental. Se puede concebir como un arte espiritual integral, en el que no existe un único modo de hacer las cosas ni una sola senda, sino que permite la existencia de tantos caminos como caminantes, teniendo en cuenta la variedad de necesidades en los distintos individuos e, incluso, del mismo individuo en etapas diferentes. Si tomamos, por ejemplo, dos personas, cada una de ellas tendrá necesidades propias relativas a la comida, horas de sueño y de ejercicio. Del mismo modo, Yoga proporciona a cada cual su propio y exclusivo camino espiritual. Te voy a revelar los pasos que, dados con firmeza, te convertirán en un yogui. Abre tu corazón puesto que en los pasos que da un hombre es donde halla su fuerza:

Conoce que la mente y la materia son manifestaciones de una Realidad espiritual, la cual es nuestra verdadera naturaleza, omnisciente. Sé consciente de que esa Realidad espiritual no es distinta de la materia, sino algo contenido en ella. Comprende que es posible el logro de la iluminación mientras aún se camina sobre esta tierra. Para ello, trabajarás para despertar el poder espiritual adormecido en tu cuerpo mental. Realiza que, como te he contado antes, nacemos muchas veces. Sólo la iluminación interrumpe el ciclo de nacimiento, muerte y reencarnación.

Y que la vida actual de cada persona ha sido determinada por la calidad moral de sus vidas anteriores. Entiende que la energía sexual es la fuerza que te da vida, la cual deberás utilizar con sabiduría para acelerar tu proceso espiritual. En esta línea de maestría, de la cual has pasado a formar parte, no somos muy dados a hablar ni a alardear. Consideramos como el tesoro más valioso la práctica, que facilita una valerosísima experiencia de primera mano. Vas a entrar en el Camino de la Acción. Recuérdalo siempre Tanumânasî: la charla nunca suple a la práctica.